10 - CONDUCTAS AGRESIVAS Y VIOLENTAS DE CRIMINOLOGIA

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  Publicado en: Anales de las Segundas Jornadas Uruguayas de Criminología –Tomo II-  13-16 de Noviembre 1991 – Montevideo Rpca. Oriental del Uruguay.


2das. JORNADAS URUGUAYAS DE CRIMINOLOGÍA
13 a 16 de Noviembre de 1991
Montevideo – Uruguay


CONDUCTAS AGRESIVAS Y VIOLENTAS EN LA ADOLESCENCIA

Raquel T. Zamora Cabral*

RESUMEN

Con el objetivo  de describir las conductas agresivas y violentas más frecuentes en la etapa de la adolescencia, analizando la incidencia del sexo, del contexto familiar, del nivel socioeconómico, así como la búsqueda de antecedentes de maltrato, se estudió una población de 112 adolescentes entre 12 y 18 años que fueron derivados a consulta psiquiátrica. Los resultados muestran mayor predominio de agresividad física hacia otros y abuso de sustancias en varones y mayor frecuencia de conductas autodestructivas en mujeres. La mayoría presentan conductas perturbadoras desde el período escolar y en todos  aparecen antecedentes de algún tipo de maltrato al menor, siendo el abuso sexual más frecuentes en los niveles socioeconómicos más bajos. Se proponen acciones de prevención primaria, secundaria y terciaria.

Palabras claves: Agresividad, Violencia, Abuso, Maltrato, Adolescencia.


El objetivo de este trabajo fue describir las conductas agresivas más frecuentes en la etapa de la adolescencia;  analizando la incidencia del sexo, del contexto familiar, del nivel socioeconómico buscando a su vez antecedentes de maltrato al menor, con la finalidad  de proponer acciones preventivas.

•    Médica Psiquiatra – Pediatra
•    Coordinadora de Psicopatología de la Policlínica de Adolescentes de la Cáte4dra de Pediatría “A” Hospital Pereira Rossell.
•    Directora del Ctro. para la Atención Profiláctica y Terapéutica de Adolescentes y Adultos. S. Blanco 2487 bis. Montevide9o.
•    Representante del Ministerio de Salud Pública en la Comisión Interministerial de Prevención y Tratamiento de la Violencia Familiar.

MATERIAL Y MÉTODO

Se escogió para su estudio una población constituida por 112 adolescentes entre 12 y 18 años, de ambos sexos que fueron derivados para atención psicopatológica a dos instituciones especializadas, en un período de 3 años:

A)    Centro para la atención profiláctica y terapéutica del adolescente y el adulto (C.A.P.T.A.), institución privada a la que son referidos pacientes de estratificación social media y alta, especialmente para psicoterapia.
B)    Policlínica de adolescentes del Hospital Pereira Rossell, Cátedra de Pediatría “A” de la Facultad de Medicina de la República Oriental del Uruguay. Servicio ambulatorio para la atención integral (biopsicosocial) del adolescente, al que llegan pacientes de estratificación social baja, por cualquier motivo de consulta y que son derivados al sector psicopatológico cuando el caso lo requiere.
A todos los jóvenes se les aplicó la misma historia clínica.  Se usaron inventarios específicos como la escala de autoestima y de afectos depresivos de Rosemberg. Los cuadros fueron agrupados según la clasificación de la Asociación de Psiquiatría Americana (DSM-III-R).

RESULTADOS

Clasificación diagnóstica según DSM-III-R.  Según el  Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, en su tercer edición, revisada y en lo que corresponde al Eje I, para trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia, los mayores porcentajes correspondieron a los trastornos por conductas perturbadoras y a los trastornos por ansiedad.  Las conductas perturbadoras predominaron en varones, los cuadros más frecuentes fueron los de oposicionismo y los trastornos de conducta en el hogar o en el colegio, mentiras, robos que en general no involucraron confrontación con la víctima (frecuentemente un familiar) a veces con abuso de alcohol y/u otras sustancias (marihuana, pegamentos, hongos o medicamentos).  Estos jóvenes presentaban cierta dificultad para establecer una normal relación  afectiva con otros y en general afectación de su perfomance escolar, siendo alto el porcentaje de abandono de estudios en las semanas o meses previos a la consultas.  Hubo cuatro  casos catalogados como déficit atencional con hiperactividad.

Los trastornos por ansiedad, fueron más frecuentes en el sexo femenino y se asociaron en alto porcentaje a síntomas depresivos.  Se encontraron dos pacientes mujeres con trastornos de la conducta alimentaría (anorexia nerviosa).  Se indagó también la presencia de intentos de autoeliminación, en el total de la población encontrándose en el 20% de los jóvenes, siendo franco el predominio femenino (21 a 1).
Estudios realizados por Cassorla en adolescentes en Campinas, Brasil, mostraron la asociación de los intentos de autoeliminación con otras conductas auto-destructivas tales como abuso de alcohol y drogas.  También se encontró una proporción significativamente mayor de comportamiento suicida y muertes en familiares de los pacientes.  El predominio del sexo femenino frente al masculino, fue igualmente franco.  En los antecedentes personales se destaca que el 30% de los adolescentes derivados a consulta habían presentado trastorno de conducta escolar.   En cuanto al núcleo familiar, la mitad convivían con uno solo de sus padres, en general la madre, la mitad dijo tener una relación inadecuada con la madre y más de las tres cuartas partes acusó un mal vínculo con el padre.  El estudio de antecedentes mostró la presencia de familiares con patología psiquiátrica en el 80% de la población, predominando las características y las neurosis.  La presencia de alcoholismo excesivo o crónico se vio fundamentalmente en el progenitor varón y se destacó una tendencia mayor para la población hospitalaria.

En cuanto a lo ambiental fue estudiada la presencia de agentes estresantes severos en al biografía de los pacientes, tales como separación o divorcio del os padres, muerte de uno de ellos, arresto de 1 o 2 de los progenitores, persecución política con salida brusca del país, abuso físico o sexual, discordia parental crónica, muchas veces como consecuencia del alcoholismo.  El 82% de la población presentaba uno o varios de estos elementos en su historia personal.

Análisis de los adolescentes con conductas agresivas y violentas.

Aquí se incluyeron los jóvenes con conductas violentas dirigidas hacia otros, ya sea en forma verbal (insulto, calumnias, amenazas, crítica  mal intencionada) o física (gestos, agresión directa cono sin ayuda de objetos) así como la provocación o ataque hacia el propio sujeto.  Si entendemos por violencia la acción de ir contra el natural modo de proceder (diccionario de la Real Academia Española) no dudaremos que las conductas auto-destructivas se incluyen en el grupo, siendo la máxima expresión de ellas el suicidio, dado que implica el acto de quitarse violenta y voluntariamente la vida.   Pero existe una gama variada de conductas auto-destructivas en las que incluimos  el abuso de sustancias psicoactivas, la sexualidad  precoz y sus consecuencias:  el embarazo  no deseado, el aborto, las enfermedades venéreas, los trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia y la bulimia nerviosas, tasas elevadas de lesiones físicas  por accidentes.  Se constató predominio de hetero-agresividad en varones siendo las confrontaciones más frecuentes las intra-familiares.  El abuso de sustancias con fines placenteros también predominio en ellos resultando que coincide  con el de otras investigaciones  realizadas en estudiantes liceales de Montevideo.  Los trastornos de la conducta alimentaría fueron exclusivos de las mujeres, que rechazan violentamente su  cuerpo y lo agreden  de diferentes formas.  Los intentos de autoeliminación, en general a través de la ingestión de una mezcla de psicofármacos, con diferente grado de gravedad, predominaron también en las mujeres.

El estudio  de los jóvenes con conductas agresivas y violentas mostró baja autoestima aunque tratasen de dar una imagen de “dureza”, baja tolerancia a las frustraciones, irritabilidad, temperamento irascible, rasgos de carácter actuador (histeria, borderline, narcisista o antisocial).  Fueron frecuentes los síntomas de ansiedad y depresión.  Debemos recordar que una de las formas de depresión enmascarada es la máscara conductual.  Fue frecuente encontrar en la biografía de estos jóvenes alguna forma de maltrato al menor, muchos de ellos habían tenido diferentes grados de abandono físico y emocional por parte de uno de los progenitores, generalmente el padre.  Con frecuencia ha desaparecido de la vida del hijo, tratando de eludir el apoyo económico al mismo.   También encontramos antecedentes de violencia física.  Cuando el adolescente era traído a la consulta por conductas perturbadoras con importantes acusaciones de los padres y señalamiento sobre sus aspectos negativos, la investigación  de las actitudes paternas nos mostró siempre conductas agresivas y violentas.

La agresión física del progenitor como castigo alterna con frecuencia con la falta de límites, con otorgar premios o beneficios materiales que responden más a la satisfacción del padre que del hijo pero que luego sirve  para aumentar el sentimiento de culpa de éste. A menudo se sienten frases como “yo que le compré la moto”, “que le regalé  el viaje a EEUU”, “que le dejé manejar a los 14 años) culminadas con un “ahora me paga con esto”.  También aparecen las agresiones verbales con insulto desvalorizadores “idiota,  tarado, mongólico” o con referencia sexual “sos un marica, sos una puta”, o la culpabilidad de situaciones: “sos culpable de mis desgracias”.  Junto con amenazas: “voy a terminar matándome por vos”.  Las expulsiones del hogar se ven especialmente en situaciones en que el adolescente ha consumido alcohol, marihuana u otras sustancias o en el caso de la mujer, si los padres se enteran que ha iniciado relaciones sexuales o ha quedado embarazada.

Las situaciones al momento analizadas se encontraron independientemente del nivel socio-económico e instruccional de los padres.  El denominador común fue la existencia de padres inconsistentes, con dobles mensajes, con baja tolerancia a las frustraciones.  También fue frecuente el ocultamiento y la mentira entre los diferentes integrantes dela familia, la falta de respeto, la infidelidad, la forma de maltrato por abuso sexual fue más frecuente en la población hospitalaria, y especialmente en la mujer.  El violador era el padre, el padrastro, un tío o un hermano mayor.  En el caso del padre en general, la hija no lo vive como una agresión y  la denuncia surge por terceros.  En el caso del padrastro la situación es vivida como agresión y la madre en general  responsabiliza  a la hija de haberlo seducido.  La influencia del grupo de pares de pares también debe ser tenida cuenta porque puede actuar como poderoso reforzador de la conducta agresiva.

Hemos encontrado que ella incide más en adolescentes con ciertas características psicológicas, tales como la rebeldía y  dificultad de adaptarse a normas, el estilo de vida excesivamente flexible, el gusto por lo prohibido o en aquellos con discapacitación intelectual.  Hubo casos en que los adolescentes llegaron para su asistencia derivados por jueces, ya sea por ser víctimas de abuso sexual o por estar implicados en consumo y distribución de sustancias.  Pero fue más frecuente el pedido de participación de la Justicia, desde las familias, especialmente por parte de las madres separadas con el objetivo de conseguir una adecuada pensión alimenticia para sus hijos.

CONCLUSIONES

La presencia de conductas agresivas y violentas es uno de los principales  motivos por los cuales un adolescente es derivado a consulta psiquiátrica.

El sexo incide en el tipo de conducta violenta, en el caso del varón predominan la agresividad física hacia otros y el consumo de sustancias. En la mujer las conductas auto-destructivas son más frecuentes.

La mayor parte de los jóvenes con conductas agresivas y violentas tienen antecedentes de conductas perturbadoras desde el período escolar.

Todos tienen antecedentes de algún tipo de maltrato desde años atrás, encontrándose el abuso sexual con mayor frecuencia en los grupos socio-económicos más bajos.

Las manifestaciones de violencia entre los jóvenes son un epifenómeno de la violencia intra-familiar.

PROPUESTA:  Debemos intentar controlar el fenómeno con acciones de Prevención Primaria, Secundaria y Terciaria.  

a)    Prevención primaria.  Si nos basamos en los aportes del etólogo uruguayo Tálice, que considera el comportamiento agresivo algo inherente ala herencia biológica, imposible de erradicar, solamente susceptible de ser sublimado, controlado o frenado y si el más efectivo control de la agresividad potencial humana presente en los genes es el comportamiento vinculatorio, deberá estimularse el desarrollo del mismo lo más precozmente posible.  Como dicen los pediatras norteamericanos en su obra la Relación Madre-Hijo las conductas del apego deben propiciarse desde antes del nacimiento a través de un embarazo planificado y deseado por ambos integrantes de la pareja, un parto preparado, sin temores para asegurar el nacimiento de un hijo querido que reciba desde el inicio caricias, besos, arrullo y  prolongadas miradas de cariño que servirán para mantener el contacto y poner de manifiesto el afecto que se siente hacia él.  Varios trabajos demuestran que la falta de desarrollo de apego en las primeras etapas de la vida favorece la aparición de conductas agresivas posteriores.

Seres que nazcan en las condiciones planteadas requieren de cambios sociales que  supriman o reduzcan la pobreza y marginación, de políticas educacionales y sanitarias que propicien programas curriculares de prevención de la violencia en los diferentes niveles de educación.  Se deben eliminar conductas y normas que legitimen o glorifiquen la violencia social o familiar.  El niño aprende por experiencia directa por la observación de conductas de otros, especialmente de su modelos ejemplares, los adultos que observa en la vida cotidiana así como los modelos simbólicos a los que  conoce mediante lecturas, televisión, películas. Deben existir Escuelas de Padres que ayuden a éstos a saber cómo actuar con su hijo. Tanto las conductas permisivas con escaso control como las actitudes hostiles, caprichos o imprevisibles producen niños rebeldes, irresponsables y agresivos.  Debe ofrecerse a los jóvenes planes de estudios interesantes, adecuados a la realidad.  Tener en cuenta resultados de investigaciones como la realizada por el equipo argentino que coordina el Dr. Cándido Roldán que concluyó que la violencia estudiantil está favorecida por la gran cantidad de horas libres y de alumnos por clase de secundaria, el ausentismo y falta de ejercicio de autoridad en docentes, los modelos descalificantes de los adultos, la falta de presencia policial preventiva en los alrededores de los colegios así como la violencia familiar generada por injusticias sociales, económicas y desadaptaciones personales que llevan a un deterioro del funcionamiento familiar.

b)    Prevención secundaria.  Incluye la predicción e identificación de familias y menores con gran riesgo de violencia. Son factores de riesgo la ilegitimidad, la concepción prematrimonial y matrimonio forzado, el embarazo no deseado, la madre menor de 18 años, el maltrato previo a otro hijo, la marginación social, la enfermedad neonatal con secuelas,la enfermedad mental del alguno del os progenitores, el alcoholismo o drogadicción en padres, la separación familiar, la delincuencia habitual paterna, entre otros.  En la etapa de la adolescencia es fundamental la creación de centros de atención integral a cargo de equipos interdisciplinarios, que desplieguen acciones en instituciones de enseñanza y centros de salud para lograr acompañar y orientar en los cambios críticos de este período de vida.

c)    Prevención terciaria.  Para el caso de adolescentes con conductas agresivas y violentas, deben también recibir asistencia a cargo de equipos interdisciplinarios avanzados en su atención, con un abordaje individual y familiar, donde se priorice el reconocimiento de emociones y técnicas de autocontrol, entrenamiento asertivo, desarrollo de potencialidades creativas, aumento de la autoestima, reestructuración cognitiva.  El uso de fármacos dependerá del diagnóstico clínico, los más usados son los neurolépticos cuyo tipo, dosis y vía dependerá del caso.  Es frecuente también el uso de antidepresivos, ya sea en depresiones manifiestas como enmascaradas.  Ante el diagnóstico de déficit emocional con hiperactividad, se opta por estimulantes específicos.

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