11 - LA CONSULTA PSICOPATOLOGICA EN LA ADOLESCENCIA

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  Estudio de 112 casos

Dra. Raquel Zamora*
Dra. Airam Martínez**

RESUMEN. El objetivo de la investigación fue profundizar en el conocimiento del paciente que llega a la consulta psicopatológica a fin de mejorar la tarea profiláctica y asistencial del mismo. Se estudiaron 112 adolescentes entre 12 y 18 años, de ambos sexos, que fueron derivados a dos instituciones especializadas
Que asisten pacientes de diferentes niveles de estratificación social. Se aplicó una historia clínica semi-codificada y algunos inventarios específicos con fin diagnóstico. Los cuadros se agruparon según la clasificación de la Asociación de Psiquiatría Americana (DSMIII-R).

Las conclusiones fueron:
a)    los trastornos emocionales y comportamentales fueron los principales motivos de consulta, no llegando siempre a constituir desórdenes mentales. El intento de autoeliminación se presentó en casi la cuarta parte de la población. La mujer se manifestó más a través de la ansiedad y/o depresión y conductas suicidas, el varón por disturbios comportamentales como la trasgresión de normas familiares, escolares y sociales;
b)    altos porcentajes de patología psiquiátrica familiar así como historias vitales con importantes factores generadores de estrés;
c)    en más de la mitad de los casos hubo trastornos psicopatológicos desde la infancia;
d)    la escasa valoración de sí mismo, las dificultades en las relaciones interpersonales y el deterioro escolar se asociaron a los trastornos;
e)    el nivel socioeconómico no mostró diferencias en la presentación de los cuadros;
f)    las acciones en relación a la salud mental del adolescente ya sean profilácticas, de diagnóstico o de rehabilitación deberán siempre incluir a la familia, teniendo presente la situación peculiar que ésta está transitando.

*- Psiquiatra de la Policlínica de Adolescentes del Hospital Pereira Rossell de Montevideo, Uruguay. Docente Encargada de Curso de Psicofisiología del Instituto de Psicología – Universidad de la República -. Directora de CAPTA, Centro de Atención Profiláctica y Terapéutica de Adolescentes, Montevideo.
**- Psicóloga de la Policlínica de Adolescentes del Hospital Pereira Rossell de Montevideo, Uruguay. Directora de CAPTA, Centro de Atención Profiláctica y Terapéutica de Adolescentes, Montevideo.
 
INTRODUCCIÓN

En la última década, América Latina ha mostrado una creciente preocupación por reconocer a la adolescencia como un período de la vida con características y requerimientos propios. En lo que respecta al área de la salud, se ha promocionado el abordaje a cargo de equipos multi e interdisciplinarios, con adecuado conocimiento en los cambios biopsicosociales de esta faja etaria y que tengan como objetivo el trabajo en las diferentes áreas: promoción de Salud, prevención primaria, secundaria y terciaria.

En el Uruguay la primera experiencia comenzó hace diez años, en Montevideo, en el Hospital Materno-Infantil y en la adultez. Si bien hay situaciones que ya comenzaron en la niñez, modifican en la adolescencia sus manifestaciones; por otro lado, existen cuadros que debutan en este período.

Fue interés del presente trabajo el profundizar el conocimiento del paciente que llega a la consulta psicopatológica a fin de mejorar la tarea profiláctica y asistencial con el mismo. Para ello se resolvió:
-    la búsqueda de antecedentes patológicos familiares y personales, así como la presencia de agentes traumáticos en la biografía,
-    el estudio de la autovaloración del adolescente así como su desempeño escolar, laboral, social y recreativo,
-    agrupar los desórdenes psicopatológicos buscando los más frecuentes,
-    analizar la incidencia del nivel socioeconómico, el sexo y el núcleo familiar sobre los items descritos.

MATERIAL Y MÉTODO

Se estudiaron 112 adolescentes, de ambos sexos, entre 12 y 18 años que fueron derivados para atención psicopatológica a dos instituciones especializadas, en un período de tres años:
a)    Centro para la Atención Profiláctica y Terapéutica del Adolescente (CAPTA), institución privada a la que son referidos pacientes de estratificación social media y alta, especialmente para psicoterapia.
b)    Policlínicas de Adolescentes del Hospital Pereira Rossell- Cátedra de Pediatría “A” de la Facultad de Medicina de la República Oriental del Uruguay . Servicio ambulatorio para la atención integral (biopsicosocial) del adolescente, al que llegan pacientes de estratificación social baja, por cualquier motivo de consulta y que son derivados al Sector Psicopatológico cuando el caso lo requiere.  Su funcionamiento, así como las características de la población asistida han sido objetivo de anteriores publicaciones (7,8,21,22,23,24,25,26,27,28,29).

A todos los jóvenes se les aplicó la misma historia clínica, adaptación de las autoras para esta faja etaria, basándose en la experiencia personal así como en la de otros autores con amplio manejo en el abordaje psicológico y  psicopatológico del adolescente (9,13,15,19,39,31,32).
   
    Fueron usados inventarios específicos, como la escala de autoestima y de afectos depresivos de Rosemberg (339).

    Los cuadros fueron agrupados según la clasificación de la Asociación de Psiquiatría Americana (DSM-III-R) (34).

RESULTADOS
    En las tres cuartas partes de los casos, la consulta fue solicitada por la madre, por iniciativa propia o porque fue alertada por un médico o docente, entre otros. El adolescente aceptó en general la decisión materna y en algunos  casos fue él mismo, el promotor de la entrevista.

    En la población que consultó hubo un ligero predominio femenino (60%) frente al sexo masculino (40%), algo más notorio a nivel hospitalario.

    La distribución por institución fue 57% para el Hospital y 43% para C.A.P.T.A..  El núcleo familiar fue estudiado a través de:

a)    la presencia de ambos padres en el hogar, constatándose que poco más dela mitad estaban en esta situación, mientras que el resto convivían con uno solo de ellos, en general la madre, o con ninguno.
b)    La presencia de hermanos en el hogar, situación que presentó el 75% de los casos.

No se encontraron diferencias según institución.

Antecedentes personales, familiares y ambientales
Los resultados del estudio longitudinal aparecen a continuación:

 

C.A.P.T.A.

Hospital

Totales

Patología Perinatal

 

 

 

SI

15

26

20

NO

85

74

80

TOTAL

100

100

100 n = 83

Retraso del desarrollo

 

 

 

SI

12

24

18

NO

88

76

82

TOTAL

100

100

100 n = 88

Antecedentes Psiquiátricos Infantiles

 

 

 

SI

58

62

60

NO

42

38

40

TOTAL

100

100

100 n= 88

  
En la patología perinatal encontrada destacamos la prematurez, bajo peso y asfixia neonatal; en los antecedentes psiquiátricos infantiles, los trastornos eliminatorios, especialmente la enuresis y la ansiedad en sus diferentes expresiones.


    En los antecedentes familiares surgió:
    

 

C.A.P.T.A.

Hospital

Totales

Antecedentes psiquiátricos fliares.

 

 

 

SI

87

80

84

NO

13

20

16

TOTAL

100

100

100 n = 79

Alcoholismo en progenitores

 

 

 

SI

26

40

35

NO

74

60

65

TOTAL

100

100

100 n = 74

 

 

 

 

 

Los antecedentes psiquiátricos incluyen los trastornos en padres, abuelos, tíos directos y/o hermanos, predominando las caracteropatías y los cuadros neuróticos.

La presencia de alcoholismo excesivo o crónico se vio fundamentalmente en el progenitor varón y se destaca una tendencia mayor para la población hospitalaria.

En cuanto a lo ambiental, fue estudiada la presencia de agentes estresantes severos en la biografía de los pacientes, tales como separación o divorcio de los padres, muerte de uno de ellos, arresto de 1 ó 2 de los progenitores, persecución política con salida brusca del país, abuso físico o sexual, discordia parental crónica, muchas veces como consecuencia del alcoholismo. 82% de la población acusó alguno de estos elementos  en su historia personal.

Historia escolar
Dado que la performance escolar es uno de los primeros factores afectados como consecuencia de los trastornos psicopatológicos, se estudió ésta a través del rendimiento y de la presencia de disturbios comportamentales.
Los resultados son los siguientes:
 

 

C.A.P.T.A.

Hospital

Totales

Bajo rendimiento escolar

 

 

 

SI

39

58

490

NO

61

42

51

TOTAL

100

100

100 n = 92

Trastorno de conducta escolar

 

 

 

SI

30

29

30

NO

70

71

70

TOTAL

100

100

100 n = 74

 
Se aprecia una tendencia de mayor afectación en los logros escolares a nivel de la clientela hospitalaria.

Distribución del tiempo ocupado según Institución

La concurrencia a centros de estudios se constató en 82% de los casos.  asistían a enseñanza curricular 76%, concentrándose la mayoría en enseñanza media, especialmente  la liceal.  Pero se destacó un 14% que aún estaban en enseñanza primaria, un18% que abandonaron estudios, especialmente a nivel hospitalario, donde este porcentaje asciende a 23%. Los detalles se aprecian en el cuadro siguiente:

Concurrencia a centros de estudios

 

 

C.A.P.T.A.

Hospital

Total

Enseñanza primaria

2

23

14

Liceo

68

39

51

Escuelas técnicas

6

15

11

Otros cursos

13

0

6

No estudio

11

23

18

Total

100

100

100 n = 109

          X2 = 24.82, S** = 0.01

Detallamos también resultado de actividad laboral

 

C.A.P.T.A.

Hospital

Total

Trabajan

14

6

9

No trabajan

86

94

91

Total

100

100

100

 
Reuniendo los resultados de ambos cuadros anteriores, podemos decir que 86% de los jóvenes están ocupados, mientras que 14% ni estudian ni trabajan.

Utilización del tiempo libre según Institución
Se analizó la práctica deportiva, la lectura recreativa y el desarrollo de actividad artística (música, plástica, danza, canto) según se detalla a continuación:
  

 

C.A.P.T.A.

Hospital

Total

Deportes

 

 

 

SI

57

42

49

NO

43

58

51

TOTAL

100

100

100 n = 90

Lectura recreativa

 

 

 

SI

38

24

31

NO

62

76

69

TOTAL

100

100

100 n = 81

Actv. artística

 

 

 

SI

38

23

30

NO

62

77

70

TOTAL

100

100

100 n = 80


No se apreciaron diferencias significativas según Institución.



Interrelaciones personales según Institución

Los resultados mostraron cifras altas de relación inadecuada, especialmente con el padre, con valores muy similares según institución.

 

 

C.A.P.T.A.

Hospital

Totales

Relación con:

 

 

 

 

Padre

Adecuada

22

22

22

 

No adecuada

78

78

78

 

Total

100

100

100 n= 91

Madre

Adecuada

50

41

45.5

 

No adecuada

50

59

54.5

 

Total

100

100

100 n = 90

Hermano:

Adecuada

51

41

46

 

No adecuada

49

59

54

 

Total

100

100

100 n = 74


 
En el caso del padre se vio un predominio de relaciones muy distantes, con mínima comunicación, a veces combinadas con agresiones verbales y físicas. En el caso de la madre, la situación alternaba entre la sobreprotección, a veces asfixiante, al a indiferencia, distancia y agresividad física.
Al analizar la relación con coetáneos aparecieron diferencias significativas según institución. En el ambiente hospitalario era mucho más difícil mantener relaciones adecuadas con amigos; hay un predominio de jóvenes que viven aislados y que se vinculan casi exclusivamente con su ambiente familiar.

 

C.A.P.T.A.

Hospital

Totales

Relación con amigos

 

 

 

 

68

38

53

 

32

62

47

 

100

100

100 n = 78

   X2= 7.25, S**

Autovaloración
Se analizó la autovaloración del joven a través de la conformidad o disconformidad con el físico y de la autoestima, entendiendo por tal una actitud positiva o negativa hacia un objeto particular: el sí mismo.
Como se ven en la Gráfica 1, la mayoría, aproximadamente 60% de ambos sexos, estaban conformes con su cuerpo.  En relación a la autoestima los resultados se invierten.  La mayoría presentó baja autoestima, es decir, sentimientos de ser despreciados por los demás, insatisfacción y rechazo por uno mismo.  Sólo una minoría, de ambos sexos, tenían sentimiento de ser suficientemente dignos de estima.  La autoestima fue aún más baja cuando faltaba uno de ambos padres en el hogar – gráfica 2 -.



Clasificación diagnóstico según DSM-III-R.
22% de los casos entraron en el grupo de trastornos no atribuibles a desorden mental, categoría V del DSMIII-R.  Como bien lo describe Silva, son cuadros expresados por fluctuaciones emocionales y/o trastornos de conducta pero que cumplen con determinadas características: ser temporales (7dracion menor a 6 meses), variar la presentación en los diferentes ambientes que el joven frecuenta (familia, amigos, escuela), ir acompañados de sentimientos de culpa y búsqueda de ayuda.  Generalmente coinciden con una crisis del grupo familiar. A pesar de ello requieren de intervención para poder ser superados (35).
Los demás casos superaron todo el período de seis meses en la presentación de los síntomas.
Según  la clasificación de la Asociación Americana de Psiquiatría, eje I, encontramos que las dos áreas más afectadas fueron la emocional y la comportamental.
En el área comportamental, de predominio masculino, los cuadros más frecuentes fueron los de oposicionismo y los trastornos de conducta caracterizados por violaciones reiteradas de normas importantes en el hogar, o en el colegio; mentiras, robos que en general no involucraron confrontación con la víctima (frecuentemente un familiar), a veces con abuso de alcohol y/u otras sustancias (marihuana, pegamentos, hongos o medicamentos). Estos jóvenes presentaban cierta dificultad para establecer una normal relación afectiva con  otros y en general afectación de su perfomance escolar, siendo alto el porcentaje de abandono de estudios en las semanas o meses previos a la consulta.  Casi la totalidad de estos adolescentes fueron traídos a la primera entrevista con diversos grados de resistencia pero la mayoría, a posteriori del primer contacto con el profesional correspondiente, accedieron a ser tratados.
Hubo cuatro casos catalogados como déficit atencional con hiperactividad.

En el área emocional, de predominio femenino, los trastornos más frecuentes fueron la ansiedad y/o la depresión. La ansiedad expresada por inquietud y/o  nerviosismo, dificultades de concentración, onicofagia y cefaleas, en general con preocupación excesiva pro el desempeño en diferentes áreas como la académica, social, deportiva, etc.  Las expresiones de depresión fueron los sentimientos de tristeza, el llanto fácil, la ideación suicida y los intentos de auto-eliminación.  En algunos casos la ansiedad estaba vinculada a elementos fóbicos u obsesivos.
Respecto  alas otras categorías se encontraron: dos pacientes mujeres con trastornos alimentarios (anorexia nerviosa), seis con trastorno de eliminación (cinco enuresis y una encopresis); ocho con trastornos de identidad sexual.
Se indagó también la presencia de intentos de autoeliminación en el total de la población, encontrándose que apareció en 20% de los jóvenes, siendo franco el predominio  femenino (21 a 1).

Clasificación diagnóstico (DSMII-R) eje I según sexo
 

 

Masculino

Femenino

Total

Conductas desadaptadas

42

17

27

T. emocionales

14

46

33

T. alimentarios

0

3

2

T. de identidad sexual

14

3

7

T. tipo tics

0

0

0

Trastornos de eliminación

7

5

6

Otros

0

1

1

Categoría V

23

25

24

 

100

100

100 n = 106

 
El análisis del eje II, nos mostró que trece pacientes tenían afectación del área intelectual, seis correspondiendo a la categoría retardo mental leve (C.I. entre 70 y 50) y los otros siete con funcionamiento intelectual marginal (C.I. entre 84 y 71) Código V DSM III-R.  También se encontraron once pacientes con trastornos en destrezas académicas, especialmente dificultades de lecto-escritura.
La categoría diagnóstica no demostró depender ni de la institución, ni de la edad, ni de la constitución del núcleo familiar.

DISCUSIÓN Y COMENTARIOS

Los resultados nos han mostrado que los adolescentes son derivados a consulta psicopatológica fundamentalmente por dos tipos de trastornos: los emocionales y los conductuales.  Si bien la adolescencia se caracteriza por la aparición de cambios emocionales, expresado fundamentalmente por ansiedad y depresión, por conductas de oposicionismo y rebeldía contra las normas familiares y sociales, estas situaciones pueden pasar de lo que podemos considerar “normal” para entrar en el terreno de “lo preocupante” hasta llegar a constituir situaciones patológicas. Frente a  un caso concreto, debemos realizar una adecuada evaluación y ella siempre debe incluir un pormenorizado análisis del cuadro actual (duración, características, relaciones con el entorno) la repercusión del mismo sobre los desempeños del joven, cuán preocupado esté el o ella sobre el problema  que lo ha traído a la consulta, cuáles son sus antecedentes personales y familiares.  El mantenimiento de los síntomas en el correr de las semanas, la repercusión sobre el rendimiento escolar, el deterioro de las relaciones interpersonales o la aparición de conductas que pongan en riesgo la vida del joven son indicadores de que el paciente está necesitando ayuda (19, 30, 36, 37, 38).
La cuarta parte de los jóvenes por nosotros estudiados estaban en la situación anteriormente referida y por ello fueron catalogados como cuadros reactivos fundamentalmente a conflictos familiares.  Entre ellos hubo intento de autoeliminación y abuso de drogas; es por eso que planteamos que deben ser tratados, de esta forma puede evitarse que se conviertan en desórdenes  duraderos.
El resto de los casos fueron cuadros que tenían todos ellos más de seis meses de duración.  Algunos tuvieron su debut luego de iniciado el desarrollo puberal, comenzando como los anteriores en forma reactiva a situaciones familiares o ambientales adversas, pero en estos casos los padres no reaccionaron a tiempo, los cuadros se fueron consolidando, intensificando y la consulta llegó a consecuencia de un intento de autoeliminación, a veces el segundo o de una detención policial.
Algo más de la mitad de los casos fueron trastornos que se iniciaron en la temprana o mediana infancia. La consulta llegó porque se exacerbaron con el desarrollo puberal y/o se volvieron más incapacitantes y por ende angustiantes para el paciente, al aumentar los requerimientos académicos y sociales.  Es lo ocurrido con cuadros como los trastornos específicos del aprendizaje, que al aparecer en niños generalmente con un buen nivel intelectual pudieron ser compensados en enseñanza primaria. Por otro lado tenemos los niños tímidos, inseguros, temerosos, que al pasar del sistema protector escolar a la institución liceal de trato más impersonal, con nuevos y diferentes compañeros, aumentaron su monto de ansiedad y depresión llegando en casos a constituir cuadros de fobia escolar.  Los trastornos de conducta también pudieron aparecer en la infancia ,motivando o no la consulta en este período, pero al llegar a la adolescencia, en parte como consecuencia del desarrollo físico, en parte por la agravación de los síntomas (faltas al colegio, uso y/o abuso  de drogas), los padres que ya habían dejado de ser figuras de autoridad ahora no logran controlar al joven, que muchas veces los enfrenta (18, 19, 20).
En los cuadros menos frecuentes también tuvimos trastornos  de larga data; es lo que ocurrió con los desórdenes en la eliminación, como la enuresis, que ahora molestaba y avergonzaba al joven y por ello quería superarlo.
En cuanto a los desórdenes de identidad sexual, hubo situaciones como la transexualidad que se inicia en los primeros años de la vida, pero que los padres se negaron a verla. 

Otros aparecieron con el desarrollo puberal y que en general como dice Floorensano se manifestaron como el temor a pánico a la homosexualidad, en sujetos varones con rasgos de inseguridad.  En el caso de las mujeres los trastornos de identidad sexual pueden presentarse como cuadros de preocupación obsesiva ligada a su corporalidad, nos referimos a los trastornos alimentarios, tipo anorexia y bulimia nerviosa, que figuraron entre nuestros hallazgos  (18, 20).
Un capítulo especial merecen los adolescentes con discapacitación intelectual. En los casos de marginalidad, la situación había sido más o menos sobrellevada ya sea con retraso escolar o con atención especial, pero las exigencias de la enseñanza media hicieron que estos adolescentes fueran traídos por rendimiento insuficiente acompañado de trastornos emocionales o conductuales. Generalmente correspondieron a un nivel de estratificación media con expectativas paternas inadecuadas a las posibilidades de sus hijos. Los retardos mentales fueron todos del ambiente hospitalario y traídos por trastornos de conducta, a veces relacionada con el mal manejo de la sexualidad. Los casos de afectación intelectual fueron los que tenían antecedentes perinatales patológicos asociados a retraso madurativo.
En esta población solo hubo un caso , de un joven con marginalidad, derivado para psicoterapia luego de un intento de autoeliminación; la evolución mostró ser una psicosis crónica.
El resto de los casos de intentos de autoeliminación coincidieron con los hallazgos de otros autores nacionales y latinoamericanos. Se trató de mujeres, que como dicen Cassarola y Knobel tienen una ambivalencia entre el querer vivir y querer morir, cuyo deseo real es liberarse del sufrimiento que tienen.
El tema de los intentos de suicidios debe ser en el Uruguay de especial preocupación, ya que estamos en el país de América del Sur con más altas tasas de suicidio para la población general y para la faja de la adolescencia.
El estudio de los antecedentes de estos jóvenes nos sugiere por un lado la existencia de una predisposición biológica a determinadas patologías y por otro nos muestra un altísimo porcentaje de agentes generadores de  estrés, que actuando desde etapas tempranas y/o en la adolescencia, contribuyen al desarrollo de cuadros con diferente intensidad de perturbación mental. Comparando los resultados de este estudio con los que investigan la población general que consulta en la policlínica de Adolescencia y con otros de poblaciones de niveles de estratificación media y media alta de Montevideo, vemos que la población con trastornos psicopatológicos tiene mayores porcentajes de falta de uno o dos progenitores en el hogar. Esta situación es evidentemente un factor de riesgo. En un trabajo anterior se analizó la asociación entre la falta de uno de los padres en el hogar y la baja autoestima de los hijos. Aquí encontramos que los sentimientos de ser menos que los demás, de valer menos, de ser menos dignos de estima están presentes en una amplia mayoría de los adolescentes. Esta baja autoestima es previa a la aparición de la sintomatología y evidentemente ella está en relación con la historia personal del joven. En parte se asociaría a incapacidades tempranas percibidas por el individuo, marginalidad intelectual, trastornos específicos del aprendizaje; en parte depende del entorno familiar que presenta diferentes gestores de inseguridad. Hay factores también que van más allá de la familia, pero que están actuando sobre ella. En nuestro país es frecuente encontrar adultos, desocupados o multiocupados , pesimistas y desesperanzados, vivencias que transmiten a sus hijos junto a las incapacidades y temores de ser padres por intuición. La situación socioeconómica de las dos últimas décadas está influyendo en la génesis de estos conflictos.
Hemos vistos también la asociación de trastornos psicopatológicos con disfunciones en las áreas del desempeño del adolescente. En relación a los logros académicos es significativa la diferencia según el nivel socioeconómico; en el más bajo es notorio el retraso escolar y el abandono en los estudios, hecho ya comprobado en trabajos anteriores  y cuyas razones se relacionan a la falta de programas adecuados para niños de bajos recursos, de escuelas técnicas más ajustadas a la realidad de estos adolescentes que necesitan una rápida inserción laboral pero que por otro lado están en el período donde el desempleo es mayor. La utilización del tiempo libre y la realización de actividades recreativas fue semejante a la de otros estudio: prefieren el deporte a la lectura y/o práctica artística.
En el plano de las relaciones interpersonales, las dificultades son mayores que para la población general asistida en la Policlínica de Adolescentes (27). El vínculo con el padre es el más deteriorado, lo que en parte se debe a que cerca de la mitad de estos jóvenes ni viven con él ni mantienen contacto periódico. Además hay un alto porcentaje de padres con consumo excesivo de alcohol, situación que sabemos deteriora las relaciones familiares y que en el caso de los hijos adolescentes produce un profundo rechazo. La madre, frecuentemente presente en el hogar, tiene a su vez una serie de conflictos personales que le dificultan cumplir adecuadamente con su rol. Sobre ella recae la responsabilidad de trabajar para mantener a su hijo, además de educarlo, contando pocas veces con el apoyo del padre. (25)
Como otros autores lo relatan, también es más difícil para estos jóvenes la interrelación con pares. Los sentimientos de inferioridad se suman a la timidez y falta de habilidades sociales. Este hecho es significativamente mayor en la clientela hospitalaria en parte porque son menores las oportunidades de alternar con coetáneos, menor concurrencia a centros de enseñanza y recreativos, en parte porque en los niveles instruccionales más bajos hay una menor comprensión de los progenitores del proceso de la adolescencia, a lo que se suma en el caso de las hija mujeres el temor a las consecuencias negativas del contacto con pares, ejemplo: el temor al embarazo. (21)
Estos jóvenes una vez diagnosticados fueron sometidos a tratamiento. En el ámbito hospitalario se hizo medicación, especialmente antidepresivos y ansiolíticos cuando el cuadro lo requirió. Dada la imposibilidad de un abordaje psicoterapéutico, ya que el Servicio funciona con un equipo que trabaja honorariamente desde hace diez años, se realizaron entrevistas orientadoras con jóvenes y familiares allegados. En ellas pudo reubicarse al paciente en estudios más acordes a sus posibilidad y motivaciones. Se le guió en técnicas de estudio, se le vinculó con centros recreativos, fomentando actividades deportivas y creativas a fin de disminuir la pasividad, se esclareció a los padres sobre la etapa de la vida que sus hijos transitaban para mejorar la comunicación entre ellos, enseñándole algunos instrumentos más eficaces que los hasta ahora usados para disminuir conductas desadaptadas.
En la clientela privada también se usaron psicofármacos cuando fue necesario y se trabajó con terapia cognitiva-conductual, ajustando las estrategias a cada caso en particular y según las demandas del proceso. En general los adolescentes comenzaron con entrevistas individuales una o dos veces por semana y los padres eran vistos con una frecuencia mensual. En oportunidades y especialmente en los casos más severos se trabajó con entrevistas de toda la familia semanales. En dos casos, por la severidad de ellos, hubo que proceder a la internación. Se trabajó con  co-terapeuta para visitas domiciliarias y diferentes ejercicios fuera del consultorio. Algunos casos pasaron luego de unos meses de trabajo individual a sesiones grupales con otros jóvenes de su edad. El promedio de duración de la terapia fue de un año. 
A modo de conclusiones finales podemos decir:

•    los trastornos emocionales y comportamentales fueron los principales motivos de consulta, no llegando siempre a constituir desórdenes mentales. El intento de autoeliminación se presentó en 20% de los casos. la mujer se manifestó más a través de la ansiedad, depresión y conducta suicidas; el varón por disturbios comportamentales como la transgresión de normas familiares escolares y sociales;
•    se destacan los altos porcentajes de patología psiquiátrica familiar así como de historias vitales con importantes factores generadores de estrés;
•    en más de la mitad de los casos hay antecedentes de trastornos psicopatológicos desde la infancia;
•    la escasa valoración de sí mismo, las dificultades en las relaciones interpersonales y el deterioro del desempeño escolar, se asocian a los adolescentes derivados a la consulta;
•    el nivel socioeconómico no mostró diferencias en la presentación de los cuadros;
•    las acciones en relación a la salud mental del adolescente, ya sean profilácticas, de diagnóstico o rehabilitación, deberán siempre incluir a la familia, teniendo presente la situación peculiar por la que ésta transitando.


BIBLIOGRAFÍA

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